martes, 31 de diciembre de 2013

Carta a Nerea (VI)

Querida heredera,

Hoy es 31 de diciembre de 2013, lo que quiere decir que hoy se termina el año en el que te incorporaste a nuestra familia para revolucionarnos la vida a tu padre y a mí. Un año diferente a todos los vividos hasta ahora: un año sin fiestas de prao, sin sidras, sin tacones, sin vermuses eternos con los amigos, sin vacaciones, sin viajes, sin cenas románticas, sin salidas con nocturnidad y alevosía, sin copichuelas, sin farturas y jarana hasta las tantas, sin tiempo ni para peinarme...

Y a cambio el año que hoy despedimos me trajo un barrigón enooorme, pantobillos, acidez, torbellinos de emociones hormonadas, vaqueros con cinturilla elástica, cerveza sin, análisis, ecografías, contracciones infernales, oxitocina, noches en vela, ojeras hasta los tobillos, cabezazos contra las paredes de puro sueño, sustos de muerte, alopecia, pañales, el aspirador de mocos como elemento de tortura (para los padres). Vacunas, estrés maternal, insomnio, horario infantil, pezoneras y sacaleches; cacas y vómitos a cascoporro, responsabilidad, remordimientos de madre y agotamiento infinito.

Pero también nos trajo tu sonrisa, tu mirada (qué ojazos, hija mía), esos rizos, pelo Pantene, ropita pequeñita y preciosa, piel suave, olor a bebé por toda la casa, carricoches, cunita, tu querida hamaca, tu mochila, maninas regordetas que te agarran la nariz, se te meten en la boca y te cogen de los dedos; besinos de cachorrina, mimos, papos para comer y muslos con pliegues. Achuchones, juguetes de colores esparcidos por toda la casa; hora del baño -con el suelo empapado desde que descubriste lo diver que es patalear en el agua-, juegos y canciones, paseos larguíiiiisimos; siestas abrazadas ,en las que más que dormir, me dedico a mirar y remirar lo preciosa que estás dormida... y despierta.

Nanas, estrategias ninja para que te duermas sin darte apenas cuenta, lactancia materna, solas tú y yo; abuelos más ilusionados que un niño la mañana de Reyes, tías que se declaraban "no niñeras" y ahora beben los vientos por su sobrina, padres embobados que ni con todo el cansancio del mundo pueden renunciar a un sólo momento de sacarte una sonrisa, cienes y cienes de regalos de familiares y amigos (no puedes imaginar la cantidad de gente que se alegró con tu llegada y nos dio sus muestras de cariño... eres muy querida, Nere...).

Los qué pacha aquí, dónde está Nerea, cinco lobitos tiene la loba,  mi pequeña oviedista, medio carbayona, medio canguesa. La súpercachorrina, felizona y facilona, los chupetes, la cámara de fotos en mano, vídeos para no olvidar lo pequeñina que eras y lo rápido que creces; grititos  y nuevos sonidos que aprendes cada día y llenan la casa de alegría; esos bracinos que no coordinan, lo asustona que eres y los abrazos fuertes, fuertes para tranquilizarte; pedorretas, pucherinos que enamoran, dibujos en inglés para "que vayas cogiendo la pronunciación", el Cangués más guapo que nunca en su papel de mejor padre del mundo mundial. 

Tus bodies, tus pijamitas, tus vestidos y zapatinos, que son una monisitez; los "qué guapa eres, la Virgen!",  "dictadora!" (nain! nain!), los esfuerzos para no comerte a besos, los abrazos y juegos los tres juntos, el "somos una familia", el "qué bien estamos aquí los tres", las ganas de retener cada instante en la memoria para no olvidar tu carita y tus expresiones, que cambian tan rápidamente y se nos escapan sin que podamos darnos ni cuenta, pero que dan paso a nuevas sorpresas, progresos y alegrías renovadas cada día... Y todo eso me encanta y no lo cambiaría ni por todas las fiestas de prao del mundo (y esto dicho por tu madre vale un potosí).

Hoy hace un año que me quedé dormida entre uva y uva, con ese sueño incontrolable que me dio el embarazo y que me preparaba para los meses más agotadores de mi vida, que también fueron los más felices, porque tú ya estabas conmigo, desde ese instante impagable en el que vi por primera vez tu cuerpecito diminuto a unos ojos pegado, que ya parecían querer observarlo todo, sin el que ya no sabemos vivir... Y ésto sólo acaba de empezar, mi cachorrina.

Te quiere,

Mami

PD a terceros: Feliz 2014 para mi Cachorrina, mi Cangués y todos los que estáis ahí fuera. Que el próximo año sigáis tan guapos y seáis felices. ¡¡¡Vaya bien que lo vamos a pasar!!!

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Se me enamora el alma...

... Cuando vas despierta en tu silla, tranquila y callada, observando todo lo que hay a tu alrededor con esos ojazos, y estás tan silenciosa y absorta en lo que te rodea que me olvido por unos instantes de que estás ahí y me dedico a hablar con otra persona, mirar escaparates o llenar el carrito de la compra, y cuando de repente reparo en ti, recibes mi atención con la sonrisa más grande, alegre y agradecida que uno se puede imaginar y entonces muero de amor --que para eso una es madre chocha--, y me da pena haberme perdido esa sonrisa y esa mirada el último cuarto de hora... Si es que ni distraerse sin remordimientos puede una ya...


viernes, 13 de diciembre de 2013

Y yo sin estos pelos

Había leído en alguna parte que entre los efectos maravillosos del embarazo estaba la ausencia de caída de pelo, con el consiguiente buen aspecto del melenón de cada una. Yo tengo buen pelo (de las pocas cosas que a una le tocaron medio decentes en el reparto genético, -para otras como el metabolismo, llegué de las últimas, como Paquirrín-), así que no noté especialmente que me hubiera mejorado con el embarazo, pero una vez pasado el postparto, es otro cantar.

Resulta que al pelo Pantene que te viene como plus de serie en el embarazo, le sigue una caída horrorosa de cabello después de dar a luz. Todo consecuencia de las hormonas que todo lo pueden en esto de la maternidad. Precisamente por ser una cuestión hormonal, a las mamis que damos el pecho puede empezar a a caernos un poco más adelante. Y en esas estoy. Que desde hace un par de semanas se me cae el pelo a mechones. 

Con el miedo en el cuerpo de quedarme calvísima, y tener que mostraros un precioso DIY capilar haciéndole una manta a la peque (que yo creo que me da), me puse a buscar remedios para evitar o al menos paliar este desastre que te deja al borde del infarto después de cada cepillado (cómo miento, como si yo me cepillara el pelo... yo lo desenredo después de la ducha y da gracias), y lo primero que descubrí y que me dejó más tranquila es que no se trata de una alopecia galopante consecuencia de la maternidad, si no que simplemente, como durante el embarazo no te cae nada de pelo, después de dar a luz se te cae el pelo que te caería normalmente, más el que te dejó de caer mientras estabas con el barrigón, así que ¡que no cunda el pánico!, que en unos meses todo vuelve a la normalidad (esperemos).

Sin embargo, como los cambios hormonales pueden provocar la disminución de la queratina natural del cabello y debilitarlo, es bueno tomar alguna medida para evitar que la caída empeore, como evitar recogidos muy tirantes, gomas del pelo u horquillas, así como planchas o secadores muy calientes. También recomiendan utilizar un champú suave y evitar en esta etapa productos agresivos como tintes, o tratamientos químicos -vamos que no es el momento para un alisado japonés o unas mechas californianas-. 

En mi caso, para evitar la caída del cabello también tengo que tener controladas las manos de la cachorrina que ahora descubrió lo divertidísimo que es arrancarle mechones a mami.

Además, el agotamiento y el estrés propio de toda madre, no ayudan tampoco a mejorar la situación, así que hay que ponerse en modo zen, ¡siempre que nuestros cachorros nos dejen!

martes, 3 de diciembre de 2013

El destape

Como no teníamos suficiente con despertarnos cada 2 ó 3 horas para comer, y con los ataques de insomnio a las 5 de la madrugada, ahora  tengo que dedicarme a vigilar los movimientos de piernas de la cachorrina --que se pasa la noche destapándose--, para que no se me quede helada y amanezca hecha un carámbano.

El caso es que en las últimas semanas la peque ha desarrollado una fuerza en las piernas que ríete tú de los muslos de Roberto Carlos, y por mucho que le someta la sábana y la manta hasta que creo que la pobre no puede ni respirar, la nena consigue sacárselo de encima en lo que tarda en dar una patada ninja, así que nos traemos una lucha durante toda la noche de arropa-destapa que ya se me está poniendo complejo de mula torda de estar asomada en la cuna con un ojo abierto para adelantarme a sus movimientos.
Debo decir además que cuando ya directamente me quedo de pie para luchar contra ella, la cachorrina siempre me gana, dejándome rendida y al borde del aneurisma, mientras ella sigue con su juego de piernas a lo Muhammad Ali sin abrir los ojos si quiera y sin percatarse de que tiene a su madre desmayada en el suelo junto a la cuna, mitad dormida mitad muerta de agotamiento.

Con este panorama no me queda más remedio que atajar el problema y buscar un sistema que permita a la cachorrina dormir a pierna suelta (nunca mejor dicho) sin pasar frío, y a mí alcanzar un poco de paz nocturna. Tras una exhaustiva búsqueda de 5 minutos (los únicos libres que me dejo la peque hoy), éstas son las opciones que barajo:

- Pijama-manta o sobrepijama: es un pijama gordito que se pondría encima de su pijama normal y que haría las funciones de manta o edredón, de tal forma que no habría que arropar al bebé, sino sólo dejarlo con el pijama-manta puesto. Yo la verdad es que lo encuentro un poco agobiante porque no le veo sistema de ventilación por si la peque de verdad pasa algo de calor pero es el sistema que permite todo el movimiento del mundo sin destaparse ni una pizca.



- Saco de dormir: Es una especie de vestido-edredón cerrado por abajo, con o sin mangas, que también permite que los bebés se muevan libremente. Esta opción me gusta más porque, al dejar los brazos libres, pienso que será más cómodo que el pijama-manta y sigues teniendo la seguridad de que, por mucho que patalee el cachorrín en cuestión, no se quedará desabrigado. El funcionamiento es el mismo que en el caso anterior, ya que se utiliza solo y no se necesita poner nada (ni sábana ni manta) por encima.



Lo bueno de estas dos formas de tapar a la cachorrina es que me permitirían sacarla para darle el pecho sin tener que desabrigarla y por tanto su temperatura corporal no variaría cuando se despierta para comer.

- Pinzas sujeta sábanas: Como su propio nombre indica, son unas pinzas que actúan como sujeción de la sábana al colchón, la cuna o cama. Lo malo de este sistema es que lo veo más opresor y la cachorrina podría causarse una lesión de menisco o un esguince de tobillo por intentar patalear y quitarse capas de ropa de encima.



- Método tradicional: O lo que es lo mismo, el que utilizaba mi madre conmigo, y que consiste en coser unas cintas o lazos a la sábana y la manta y atarlas con ellos a los barrotes de la cuna. Le veo el mismo problema que al método de las pinzas porque creo que limitaría mucho el movimiento de la peque.

¡Ya os comentaré por qué metodo nos decidimos y si nos da resultado!

Y vosotr@s, ¿qué sistema utilizaríais? ¿cómo solucionasteis el problema del destape de vuestros retoños?

martes, 26 de noviembre de 2013

4 meses de Cachorrina

Ayer, la heredera de mi colección de zapatos (no sé si podré dejarle alguna otra cosa) cumplió sus primeros 4 meses de vida, y la verdad es que no deja de sorprendernos lo rápido que cambia tanto físicamente como en su forma de interactuar con nosotros y con todo lo que le rodea.

Una de los cambios que más se aprecia en los bebés con esta edad es que tienen muchísima más fuerza para mover y controlar su cuerpo. Ya aguantan la cabeza casi perfectamente lo que les permite estar sentados, aunque todavía pueden cansarse pronto por lo que es conveniente no alejarse mucho. A la cachorrina, la cosa de sentarse le encanta y le permitió descubrirse los pies, lo que la tiene loca de contenta y hace que cabecee como un  borracho con somnolencia intentando llegar a ellos. Supongo que de aquí a que intente llevárselos a la boca no pasará mucho tiempo. También ha cogido mucha fuerza, y debajo de esa barriguita tan pochola se ve que ya funciona algún que otro abdominal, porque si la coges de las manitas se incorpora ella sola con una enorme cara de felicidad porque cree que vas a cogerla en brazos. Además, bocabajo aguanta con el tronco y la cabeza levantados y sosteniéndose sobre los bracitos y ahora ha empezado (de petaca) a ponerse bocarriba ella sóla cuando ladea la cabeza y el peso de ésta la hace rodar sobre sí misma.

Otra de las cosas que se notan un montón a esta edad es que ya ven muchísimo mejor y más lejos, porque apreciamos que la peque reconoce a las personas que le son familiares desde el otro extremo de la habitación, y también que los colores ya le llaman la atención poderosamente. Además se distrae muy fácilmente con los muñecos de colores y sonidos. Los que más le gustan son los que son más blanditos y maleables, como su libro-peluche, porque puede agarrarlos mejor. Que esa es otra. Ya quiere coger tooooodo lo que se le pone a tiro e intenta llevárselo a la boca, por lo que hay que tener cuidado de no dejar nada pequeño que pueda tragar a su alcance. De entre todas las cosas su juguete preferido para manejar y chupar siguen siendo las manos de sus papis. Las mira y remira con deseo, como miro yo una onza de chocolate, y babea como cuando nos observa comer. (Hay que ver qué ganas tiene la tía de hincarle las encías a algo que no sea leche).

En cuanto a la comunicación, la cachorrina balbucea, hace gorgoritos, pedorretas y da grititos (incluso, a veces, alaridos de loca) a los que es importante corresponder, hablándole o imitándola para animarla a seguir comunicándose. Cuando no intenta imitarte ella a ti, que hasta bizca se pone la pobre del esfuerzo. Sigue siendo muy sonriente y felizona, y empieza a practicar con simulacros de carcajadas, sobre todo con el Cangués y conmigo y las personas que le son más familiares.

En nuestra obligada visita al pediatra, resulta que la peque sigue estando como un torito de percentil 75 de peso y 90 de altura (mi pequeña maizona), así que de meterle cereales nada de nada, --ya me extrañaba a mí, que había leído que era mejor la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses, pero bueno...--. Cuando se incluyen los cereales a los 4 meses, según la pediatra de la peque, es cuando van bajos de peso, y la nena va más que sobrada, así que nos quedamos con la lactancia.

Las noches han mejorado un poco porque ahora se queda dormida a su hora con mucha facilidad, pero no aguanta más de 3 ó 4 horas sin comer, así que sigue sin dormir la noche del tirón. Pero como no se desvela (ella no, yo sí, jaja, vida perra ésta...) pues nada más terminar de mamar la dejo en su cunita dormidíiiiisima, hasta que el hambre apriete de nuevo.

Y en estas, sin darnos cuenta, hemos dejado atrás otro mes... a ver quién le dio al forward...


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Monisiteces: la cachorrina con su gorrito búho

La peque es una monisitez en sí misma con su nuevo gorrín-búho, regalo de una compañera de la carrera de su mami, que es una artista y le hizo un gorro incluso más chulo que los que yo os había enseñado en el blog en este otro post. Aquí os dejo una foto de la modelo, que se sabe graciosísima con él y sonríe a cámara en un posado en toda regla.



Muero de amor, no me digáis :)

jueves, 14 de noviembre de 2013

Lo que la maternidad me robó... Insomnio

Desde que nació la cachorrina ya os comenté que las noches no son momentos de descanso y sueño reparador, sino que más bien cabeceo contra la cuna con un ojo abierto y otro cerrado entre despertar y despertar de la peque cada dos horas, más o menos. 

El caso es que al principio entre toma y toma el agotamiento hacía que casi no me diera tiempo a despertar y creo que prácticamente le daba el pecho dormida, --de ahí que me despertara sobresaltada pensando que me había quedado frita con ella en brazos y lo mismo la había aventado debajo de la cama a la pobre--; así que se podría decir que dormir, dormía unas horas si iba sumándolas todas y al final algo descansaba.  

El problema me ha llegado ahora, tras tres meses de caos nocturno, que mi cuerpo parece haberse rendido y haber decidido dejar de luchar contra la adversidad y que a partir de cierto número de despertares de la peque no duerme más y nos quedamos velando cada ruidito, respiración, patada al aire o destape de la cachorrina. Osea, que duermo unas tres horas, a lo sumo cuatro, al día porque la primera vez en la noche que se despierta Nerea, me duermo, pero a partir de la segunda no pego ojo. Con deciros que ayer a las 4 de la mañana hice mentalmente mi maleta y la de la cachorrina para unas vacaciones que tenemos planeadas... en febrero. Y lo mismo repaso mentalmente la lista de la compra, que necesito una sudadera efecto neopreno, --que lo dice la Vogue--,que le doy patadas ninja imaginarias en el culo a la vecina de arriba por sus gritos y su arrastre de muebles diario, que redacto mentalmente con puntos y comas una denuncia administrativa a Jazztel por tenerle secuestrada una titularidad de ADSL a mi hermana y querer sisarle de mala manera unos euros. Un sin vivir, oiga. Así que cuando la peque vuelve a despertar para reclamar su ración de teta, me pilla en medio de un "huevos, chocapic, leche, pañales... el rojo es el nuevo negro... meto el bikini marinero y el vestido ibicenco... deja la nevera donde está... Solicita que se tenga por presentado este escrito junto con los documentos que se acompañan...", que la tengo esperando hasta que termino, que una es muy cuadriculada y tiene que terminar lo que empieza (para desesperación del Cangués, que no entiende muy bien mi particular escala de prioridades).


Así es que luego me paso el día saludando con bostezos, dando cabezazos --y cabezadas-- contra las paredes, y paseando ojeras de familia Adams y unas hendiduras hermosas en la sien derecha que luzco desde que me quedé traspuesta el otro día contra el quicio de la puerta. (Si es que desde que soy madre estoy muy mal de lo mío y eso lo ve cualquiera.) Así que desde aquí pido a alguien que me ofrezca alguna solución, no sé, un coma inducido o un algo que me ayude a dormir ,siempre que la cachorrina me deje. Pofavó... que hace mucho sueño...

Imagen Taringa.net

jueves, 7 de noviembre de 2013

Ideas Deco (y monisiteces): Tipis

Hacía tiempo que no traía un post de este tipo, -porque con mi nuevo estatus maternal el poco tiempo que le robo a Nerea para dedicárselo al blog, intento contaros un poco cómo va la experiencia con la cachorrina antes que dedicarme a otros menesteres, de forma que tengo pendientes varios DIY, entre otras cosas-, pero quería enseñaros una idea que me chifla y que no dejaré de aplicar en la habitación de la peque: los tipis (o tienda india). Además de parecerme un elemento genial para que los peques jueguen, se refugien, escondan sus cosas o hagan lo que sus maravillosas e imaginativas mentes maquinen, creo que con unos palos, un trozo de tela -que bien puede ser una sábana vieja- y un poco de imaginación, puedes hacer una monisitez de tipi con tus propias manos. Y eso haremos nosotros. A ver cómo se nos da, ¡os pondré sin falta el DIY con el resultado! Desde luego, si yo hubiera tenido uno en mis años mozos no me sacan de él ni con agua hirviendo, así que espero que la cachorrina me haga sitio :)

Os dejo con algunas fotos que me han encantado:

















 Me gusta también la idea para los que tengan jardín.

Y para una fiesta infantil o cuando haya varios hermanos y cada uno quiera el suyo: 





¿Qué os parecen? ¿Lo pondríais en la habitación de vuestros peques? ¿Ya tenéis uno?

lunes, 4 de noviembre de 2013

Semenamoraelalma...

... Con cada una de las sonrisas que nos regalas, desde que te damos los buenos días por la mañana, hasta tus últimas energías antes de caer rendida por la noche, cuando te cantamos, cuando jugamos contigo, incluso simplemente cuando te miramos, porque eres una facilona y la mínima atención de cualquiera te ilumina la cara y los ojinos con la sonrisa más bonita que yo he visto en mi vida...



jueves, 31 de octubre de 2013

El dolor en la lactancia

Muchas veces había escuchado que la lactancia podía ser dolorosa tanto por el momento de la subida de la leche, como por los estragos que causan en los pezones las primeras tomas de los recién nacidos. En mi caso, la subida de la leche no fue dolorosa en absoluto y la pasé tan normalmente, sólo noté los pechos más hinchados y duros, y, si acaso, una ligera presión, pero sin dolor, ni fiebre o escalofríos, como conozco algún caso. Sin embargo, del dolor en los pezones no me libré, y dudo que ninguna mami lo haga (lo siento por las futuras mamis, jaja) así que os cuento lo que a mí me ocurrió y cómo lo solucioné por si puede serviros de ayuda.

Es totalmente lógico y normal que al comenzar la lactancia el bebé no sepa todavía cogerse muy bien al pecho, que las tomas sean muuuuuy duraderas y numerosas, para conseguir que suba leche suficiente, y que nuestros pezones, -antes seguros y cuidados, protegidos de toda perturbación-, se irriten ante la succión constante de una boquita pequeña que come con avidez. Imaginaros que tuvierais las 24 horas del día a alguien pellizcándoos el brazo en el mismo sitio sin parar, lógicamente os haría herida hasta que os saliera callo, pues con esto es lo mismo. Así es como los primeros días, incluso semanas de la lactancia pueden ser un poco tortu... durillos ante el dolor de nuestros queridos pezones. (Que ahora que lo leo, si me dicen hace un año que iba a estar escribiendo un blog público hablando de mis queridos pezones, pido que me encierren y tiren la llave... si es que no somos nadie...)

Yo tuve la suerte de que la cachorrina se cogió muy bien para mamar desde el primer momento (esos primeros y emocionantísimos minutos de vida que no olvidaré jamás), pero como os digo, a pesar de ello, el tener a un bichín dale que te pego a los pezones, hizo que éstos se me agrietaran e incluso que me saliera alguna pequeña herida que hicieron que cada vez que la cachorrina pidiera su ración de leche mi ceño se frunciera y pensara "ay, ay, ay, mucho dolor, ay", y que continuara con el ceño fruncido durante toda la toma suplicando por lo bajini a la peque que por nada del mundo se soltara, porque eso supondría que debería volver a cogerse, y por alguna razón, el dolor era mucho más intenso justo cuando la cachorrina se agarraba, reduciéndose e incluso cesando a medida que avanzaba la toma. Tan molesto (y diciendo molesto estoy siendo más que generosa) era que necesité utilizar durante unos días unas pezoneras de silicona compradas en la farmacia. 


Las mías eran unas pezoneras que a mí se me antojaron que le irían bien al pezón de King Kong, si el pobre algún día las necesitaba, pero resulta que hay tallas y yo no lo sabía ni nadie me lo dijo (la farmaceútica no estaba a lo que celebraba), así que me fui yo con mis pezoneras gigantes la mar de contenta, pensando que a lo mejor hasta podía meter los dos pechos en una y terminar antes las tomas, ¡un chollo!. Y el caso es que gigantes o no, me sirvieron para su cometido, aunque la cachorrina tenía que desencajarse la mandíbula para meterlas en la boca, pero como la nena es glotona, dijo, pues todo sea por no quedarme sin comer, así que comió con ellas tan ricamente. La diferencia fue muuuuy grande y por fin podía dar el pecho sin dolor.


Como tampoco quería que la peque se acostumbrara a las pezoneras mucho, quería curar los pezones lo antes posible para poder dejar de utilizarlas, así que fue mano de santo aplicar la crema Purelán, de Medela (no me pagan por la publi, pero es que me vino genial) y mi propia leche. Como me dijeron que lo que mejor venía para hacer callo era humedecerlos en la leche materna y dejarlos secar al aire, así iba yo por casa, modo , pechos fuera on todo el día (¡hala, hala, alegría!) hasta que conseguí ir quitando las pezoneras y que las tomas no me dolieran más. Así, en poco más de una semana, la lactancia ya se había establecido sin pezoneras y ni la cachorrina ni yo las echamos de menos, ni nos volvieron a hacer falta en estos tres meses. Por eso puedo prometer y prometo, que la combinación pezoneras, Purelán, leche y pechos aireados funciona.

¡¡Hasta el próximo post!!


martes, 29 de octubre de 2013

3 mesinos

El viernes la cachorrina cumplió sus primeros tres meses de vida, y nosotros tres meses de orgullosos y agotados padres. En este tiempo algunas cosas han cambiado mucho y otras no tanto: la lactancia se ha establecido y la disfrutamos mucho las dos, y por las noches seguimos despertándonos cada 2 ó 3 horas, -con suerte 4, muy de vez en cuando-, por lo que yo creo que eso de que hay niños que duermen 8 horas del tirón desde el principio con lactancia materna es una falacia muy grande para que las primerizas nos las prometamos muy felices (como que los recién nacidos sólo comen y duermen, pero ese es otro tema).

En lo que sí hemos notado cambios es en su forma de interactuar con nosotros y con su entorno. Por fin empieza a descubrirse las manos y a veces se pone hasta bizca de tanto mirárselas, como si estuviera descubriendo el fuego o algo así, e intenta agarrar todo lo que pones a su alcance. También ha empezado a prestar atención a los muñecos que le acercas (antes no se dignaba ni a mirarlos) y ya disfruta ratos largos en sus dos gimnasios infantiles. Además ahora está dando rienda suelta a su verborrea porque le encanta escuchar sus propios gorgoritos y hemos descubierto que nos salió gritona la nena que se pasa el día dando chillidos (y menudos monólogos se monta la tía, sobre todo a las 6 de la mañana) y que es capaz de imitar algunos sonidos si se los repites varias veces. El Cangés le canta las vocales y ella las va haciendo poco a poco después de varios intentos intentando colocar la boquita igual que su padre. Pero como ella es comodona, como su madre, se contenta con la A, que es la que mejor le sale, y como no es tonta, pues se dedica a darle a la A una y otra, y otra, y otra, y otra vez. La pobre hasta se viene arriba si ve que la miras y te ríes y cada vez la repite más alto, y si no la miras, pues entonces te grita la O, que creemos es un toque de atención clarísimo.

En cuanto a sus medidas, el ratonuco peso pluma ha dado paso en estos meses a un bebetón muuuuy grande -un torito, en palabras de la pediatra-, que pesa 6,300 kg y mide 61 cm, y que tiene la fuerza de un Ñu porque ya se aguanta boca abajo sobre las manos levantando completamente el tronco y al parecer eso es la pera limonera con 3 meses. Tanto es así que la pediatra y la enfermera ya me anunciaron que le adelantarán la introducción de cereales a una semana antes de los 4 meses porque con su edad  y su tamaño la leche no la sacia suficiente por la noche y por eso se despierta cada dos horas (y porque me vieron las ojeras a mí, debe ser también).

Pero, en este último mes,  lo mejor de todo son sus sonrisas, ayyy, esas sonrisas que nos regala a todas horas y con cualquier tontería que le digas porque es una facilona y una felizona y todo le vale. Pero esas sonrisas bien merecen un Semenamoraelalma...

Hasta el próximo post!!

P.D. Cien mil (millones) de gracias por esas 100.000 visitas en estos 9 meses de vida de Con dos patucos. Si es que mira que sois guap@s tod@s!!

sábado, 26 de octubre de 2013

Lo que la maternidad me robó...

Que te paren para una encuesta, te pregunten si tienes hijos y digas que no mientras empujas el carricoche; que la encuestadora y tú os quedéis mirando a la cachorrina y tú le digas sorprendida "ah! sí! ésta!"; y que la pobre te pregunte, por si acaso, si tienes más con cara de querer ofrecerte el comodín de la llamada... Definitivamente la maternidad está acabando con las pocas neuronas sanas que me quedaban... :D

martes, 15 de octubre de 2013

Las noches



Siempre había escuchado lo importante que era establecer unas rutinas que ayudaran a los bebés a dormir mejor, siguiendo un horario más o menos estricto que les diera seguridad y que, de alguna manera, programara su sueño. Así que, una que se creía muy leída para esto de la maternidad, se propuso desde el primer día establecer esa rutina que nos otorgara noches placenteras de sueño reparador, en los que la cachorrina dormiría ininterrumpidamente de 9 de la noche a 7 de la mañana, como un angelito, mientras sus padres descansaban a pierna suelta preparándose para un nuevo día de trabajo paternal. 

Pues la cachorrina dijo que tururú, que a ella le va más la teoría del caos, así que por mucho que quisimos establecer baño, cena y cuna a la misma hora, ella hace lo que le da la gana. La idea era que estuviera a las diez en punto en su cuna durmiendo, pero es imposible predecir lo que hará la peque. Tan pronto duerme tres días seguidos a su hora, como sin razón aparente, la acuestas como siempre y decide que no, que se queda otra horita más despierta, como le da el sueño antes y se queda frita a la hora que quiere. Un desastre sin orden ni concierto ni ná de ná. La consecuencia de esto es que además de no conseguir esa rutina, la cachorrina no tiene hora fija para dormirse, como mucho, nos aproximamos por arriba o por abajo todo lo que podemos, pero es ella la que manda (como en todo desde que nació, la verdad), y no nos queda más que envidiar a esos padres eficientes que consiguen que sus retoños duerman mínimo 7 horas desde el principio y que se queden fritos solos nada más dejarlos en su cuna. Aunque debo decir que cada vez tarda menos en quedarse dormida y ya hemos conseguido que nunca sea más tarde de las 11.

Porque esa es otra, la nena quiere atención, mimos, canciones, paseos y de todo menos quedarse sola en la cuna. En esto vamos improvisando, tanto, que ahora llevo unos días que la duermo a besos a la pobre: yo doy rienda suelta a mi amor de madre y mis ganas de comerme esos papinos tan apetecibles que tiene y ella se queda frita de aburrimiento, ¡¡un chollo!! 

En cuanto a las tomas nocturnas, la primera vez no suele dormir más de 3 ó 4 horas (dónde quedarían esos 3 días perdidos que durmió 6 y 7, aysss…), y las siguientes tomas, las hace cada 2 horas o incluso menos. Lo bueno es que son tomas cortas y se queda dormida al pecho, así que mama 15 minutinos y la dejo en la cuna tan tranquila. Y yo mientras me quedo en coma profundo, -que a veces me cuesta distinguir sueño y realidad y me despierto sobresaltada pensando que me quedé dormida con ella en brazos y mínimo se me cayó debajo de la cama, y hasta enciendo la luz y me levanto corriendo para descubrir que duerme plácidamente y que yo necesito una cura de sueño urgente-.

Sin embargo, a partir de las 6 de la mañana se pone muy nerviosa y parece que tiene una pelea en la cuna, da patadas y puñetazos (no sé si estará enfadada con el conejito que duerme con ella) y gruñe, hasta que la paso a la cama. Y entonces duerme tranquila. No es lista ni nada. Yo creo que su primera palabra va a ser "viscoelástico", no digo más. Así que ya nos hemos acostumbrado los tres a que a partir de las 6 de la mañana colechamos… y la verdad es que me gusta.



Y vosotr@s, ¿cómo sobrevivís a las noches?¿a qué hora acostáis a los peques?



viernes, 11 de octubre de 2013

La lactancia materna exclusiva



En estos 2 meses y medio desde que nació la cachorrina, he aprendido 3 cosas fundamentales sobre la lactancia materna exclusiva que creo que todas las futuras mamis que deseen optar por ella deben saber: la primera, que no es nada fácil, -especialmente el comienzo es bastante duro-, la segunda, que sentirás la tentación de abandonarla más de una vez, y la tercera, que nadie a tu alrededor parece querer que la consigas. 

Y es que, desde el mismo hospital y por alguna razón que desconozco, enfermeras, conocidas, desconocidas, tu madre, tu suegra, la vecina del quinto de una señora que pasaba por allí porque se equivocó de habitación, el Cangués -o su equivalente en cada caso-, etcétera (hasta el infinito), te dirán cada vez que el bebé en cuestión mueva una pestaña que “lo que le pasa es que tiene hambre, dale un biberón”, “eso será que no tienes leche” “tu leche no le alimenta y se queda con hambre”, o mejor, antes de que a ti te dé tiempo a responder ya tendrán un biberón listo en la mano. Y debo decir que la primera semana caí. En el hospital, la segunda noche, Nerea parecía no terminar de comer nunca, estaba nerviosa y lloraba pidiendo comida, y nosotros, estrenando paternidad y sin dormir desde hacía 4 días dejamos hacer a una enfermera que apareció con un biberón mágico que la peque se zampó y con el que se quedó tan tranquila. De modo que el tiempo que estuvimos en maternidad combinamos la lactancia materna con los biberones (primero una teta, después la otra y al final un poco de biberón). Y así estábamos nosotros y todas las madres de las demás habitaciones a las que veías seguir el mismo procedimiento.

Yo no veía muy claro el sistema del biberón porque mi intención era la lactancia materna exclusiva, pero no entendía por qué a pesar de ser a demanda (yo le daba cada vez que pedía) parecía que ella nunca se quedaba tranquila así que llegué a dudar de si de verdad no tenía buena leche (y eso que iba concienciadísima y había leído y releído mil veces que eso era un falso mito y que todas las madres pueden alimentar a sus hijos si lo hacen bien, pero con el agotamiento y la insistencia de todo el mundo acabas flaqueando y creyéndotelo). Así que el día que pedimos el alta voluntaria, se lo comenté al pediatra y esa fue la primera persona que salvó mi lactancia materna, al decirme muy clarito, que si quería apostar por ella, que fuera fuerte, que me esperaba una semana muy dura, que tendría que pasar unos días dando de comer a Nerea cada hora o cada hora y media y tomas eteeeernas –vamos, que durante esa semana sólo viviría por y para dar el pecho- porque esa sería la única forma de tener suficiente leche. Y así lo hice. 

Prácticamente tuve a la nena al pecho las 24 horas, y la gente a mi alrededor seguía sin entender lo de la lactancia a demanda, así que era todo el rato teniendo que explicar por qué le daba de comer tanto, porque me insistían en que mi leche no la alimentaba y por eso pedía a todas horas y que tenía que darle cada 3 horas (que por cierto, es una pena que las mamis que no pudieron dar el pecho porque las malaconsejaron a poner horarios a las tomas, te quieren malaconsejar a ti también porque nadie se molestó en explicarles nunca que la lactancia materna debe ser a demanda –aunque en ocasiones la demanda te vuelva loca-), y que le diera el famoso biberón. Y yo, nuevamente con mi agotamiento, sucumbía a algún bibe nocturno, más por que me quedaba dormida de pie que por ganas. Y en esas llegué a la segunda persona que salvó mi lactancia materna ya de forma definitiva: mi matrona. Porque a ella, defensora a ultranza de la leche maternal e inquisidora de cualquier comportamiento que facilite la vida de la madre por encima del bien del bebé, no le gustó nada que le dijera que combinaba lactancia todo el día, con ese biberón nocturno de después y me explicó que para el bebé es mucho más fácil comer con el biberón, porque no tiene que hacer esfuerzo en succionar como con el pecho, así que si le acostumbraba a ese biberón, poco a poco iría pidiendo más biberón y menos teta, porque no son tontos y tampoco van a esforzarse de más (“vaya, ya salió vaga, como su madre”, -pensé yo-). Y tampoco le gustó que me quejara de que tenía todo el día la teta fuera porque la nena parecía querer comer a todas horas, así que me puso un ejemplo muy básico que tenemos en la madre naturaleza, preguntándome qué hace una gata o una perra, por ejemplo, con sus cachorros (cachorrinos!!): pues amamantarlos todo el día si es necesario. Y ahí me mató. Porque es cierto: no me imagino yo a una vaca, una gata o una loba diciendo a sus pequeñuelos “Hala! Ya terminaste la toma, hasta dentro de 3 horas no quiero ni verte por aquí!”, así que ahí me planté y me dije que si las vacas pueden, con esa pereza de vivir que arrastran, yo también puedo (A Dios pongo por testigo que mi cachorrina mamará y no pasará hambre!!!). Y desde ese día, ni un biberón más, oiga.

Finalmente, superada esa primera semana (durísima y agotadora), puedo decir que me subió leche más que suficiente, -tanta que como la peque esté 3 horas sin pedir, se me sale a chorros-, y que poco a poco la cosa se fue normalizando y ya no teníamos que estar todo el día enganchadas la una a la otra, si no que ella solita fue espaciando sus tomas. Y esto, unido al hecho de que los pezones dejaron de torturarme tras los primeros días (pero esto merece otro post), ha convertido la lactancia materna, ahora sí, exclusiva, en algo verdaderamente placentero, cómodo y que no ha vuelto a dar más problemas más allá de las crisis de crecimiento de las que ya os hablé y que también son pruebas de fuego para resistir con el sistema nutricional de la teta.

Por eso quiero animar desde aquí a todas las mamis futuras que pretendan dar el pecho, para que lo hagan de verdad, que no escuchen a nadie que intente boicotear la lactancia, y que se conciencien de que para hacerla funcionar, los primeros días serán una esclavitud, pero que se consigue, y después agradecerán haber aguantado y es más, se sentirán orgullosas de no haber renunciado a algo tan bonito y que aporta un vínculo único con el bebé, porque yo espero no olvidar nunca los gestos, las miradas, las sonrisas y las caritas de mi cachorrina mientras le doy el pecho.

¡¡Hasta el próximo post y seguid tan guap@s!!

lunes, 7 de octubre de 2013

Semenamoraelalma...

... Cuando estás disgustada o algo no te gusta y en lugar de llorar, pones un puchero de payasín triste que parece decir "si yo sólo pido que me quieran un poco", que me desarma y me deja pensando que si no fueras mía, te adoptaría.


Puedo aguantar lloros y rabietas pero con ese pucherín no puedo, no me digáis... hay que ser de piedra pomez. Veis qué chantaje emocional tenemos que soportar? :-)

jueves, 3 de octubre de 2013

Las visitas en el hospital



Antes de dar a luz nunca me había planteado cómo se debía actuar ante la llegada al mundo de un bebé de un familiar o amigo, ni me había parado a pensar en lo que sentirían el recién nacido y sus padres en sus primeros días de vida, ni cómo éstos y aquel querrían pasar sus primeras horas juntos. Por eso, cuando llegó el momento de que la cachorrina viniera al mundo, vi normal la costumbre de que familiares y amigos desfilaran por la habitación de la maternidad a ver al bebé diminuto, con su carita de recién llegado, y a su madre, con su cara de “pensé que no lo contaba” y su barrigón blandengue postparto que parece que te han dejado otro guaje dentro. 

Sin embargo, debo decir que, ahora que lo he vivido, ya no lo veo tan normal. No sé si fueron las hormonas o el agotamiento tras 50 horas de contracciones sin pegar ojo pero, una vez que tuve a mi cachorrina conmigo, a mí me sobraba todo el mundo y sólo quería que estuviéramos solos y tranquilos nosotros tres: el Cangués, la peque y yo. Y cuando digo todo el mundo, digo todo el mundo, -con deciros que hasta eché a mi hermana para casa (que luego me dio cargo de conciencia y todo y la llamé suplicando que volviera, pobre…)-, porque me parecía algo tan tan  grande lo que nos había sucedido que creía que esos primeros días debían ser sólo para conocernos los tres y comenzar a aprender a vivir juntos y que nadie debía robarnos esos primeros instantes.

Y es que, tras el nacimiento de un bebé, sus padres son los que más ganas tienen de conocerlo y, sobre todo si son primerizos, se encuentran en la situación más nueva y el cambio más fuerte de sus vidas, con un ser pequeñito completamente vulnerable que les necesita y al que no saben aún cómo tratar. Y, en mi caso, se me hizo cuesta arriba tener testigos de mi inexperiencia esas primeras horas para dar el pecho, cambiarla, calmar sus primeros llantos o simplemente contemplarla. Así que tras un primer día lleno de visitas y caos en la habitación, directamente las prohibí al siguiente. Decidí avisar a todo el mundo para que nadie más subiera al  hospital y prometiendo recibir a todo el mundo encantada una vez instalada en casa y cuando ya estuviéramos más tranquilos y descansados. No sé si pareció bien o no, o quedé como una bruja -porque al fin y al cabo todos pasan por eso y se aguantan-, pero a mí era lo que me pedía el cuerpo y lo que creía que era mejor también para la cachorrina que el día anterior había estado muy nerviosa con tanto movimiento y que el día sin visitas estuvo durmiendo plácidamente todo el día. El tiempo para socializar ya lo recuperaría después de su salida del hospital, ¡y vaya si lo recuperó!

Debo decir que mi compañera de habitación sintió lo mismo que yo porque ella prohibió ir ¡hasta a su madre! Y algunas mamis conocidas se pusieron en contacto con nosotros para decirnos que ya verían a la peque en casa porque “sabían lo que era eso”, así que ya no me sentí tan bruja porque me di cuenta de que todas o casi todas las que estrenamos maternidad pensamos más o menos lo mismo (aunque no quiero generalizar, que seguro que las hay encantadas, pero a mí lo de recibir en camisón que te deja el culo al aire con bragas gigantes de rejilla, con ojeras, pelos de loca y una teta fuera, qué queréis que os diga, no me termina de convencer ,oiga…).

Así que lección aprendida para mí: no visitar en el hospital a los recién nacidos y si lo hago seguir escrupulosamente las normas que  vi en esta noticia de periódico colgada en un tablón de anuncios del pasillo de la maternidad, y que, en resumen, lo que nos explican es que no se debe visitar a un recién nacido en sus primeras 24 horas de vida, que es mejor mandar mensajes que llamar, que hay que avisar antes de ir, que no se debe coger al bebé en brazos, que la visita no puede alargarse más de 20 ó 30 minutos, que deben respetarse los horarios y las tomas, y evitar dar consejos, o peor, criticar (que una está muy sensible para que le restrieguen el barrigón o la poca traza para coger al retoño o dar el pecho).

Qué os parecen estas normas?, ¿os pasó lo mismo que a mí? Un besín y hasta el próximo post!!

PD. No quiero parecer desagradecida y quiero decir que las visitas que tuvimos fueron bien recibidas y ellas no tienen la culpa de mi revolución hormonal así que, de corazón, muchas gracias por interesaros por Nerea.



miércoles, 2 de octubre de 2013

Semenamoraelalma...

Cuando después de una noche agotadora despertándote cada hora, hora y media, sin querer dormir, pienso que me darás un respiro y me dejarás dormir un poco más por la mañana, pero a las 8 me reclamas por enésima vez, y me voy hacia la cuna maldiciendo por lo bajini y dispuesta a entregarte en adopción, pero cuando llego me recibes con tu mejor sonrisa desdentada de 'Buenos días, mami, me alegro de verte'... y entonces... muero de amó y te como a besos. Si es que ni enfadarse tranquila puede una ya.

viernes, 27 de septiembre de 2013

¡¡2 meses!!

El miércoles la cachorrina cumplió sus primeros dos meses de vida (fuera del vientre de su madre) y se me hace rarísimo porque no me había dado cuenta de que había pasado tanto tiempo ya desde que le vi la carina por primera vez.

En estos dos meses muchas cosas han cambiado, porque la peque crece y evoluciona a un ritmo que no hay quien lo siga y porque nosotros -el cangués y una servidora- vamos aprendiendo con la técnica ancestral del ensayo-error (errando mucho, antes de acertar, claro).

La lactancia materna, que fue muy dura las primeras semanas, se ha convertido en algo placentero que me encanta compartir con mi cachorrina. Del caos de los primeros días con tomas larguíiiiiiisimas cada hora y media o dos horas -incluso cada hora, sin exagerar-, hemos ido separando las tomas. Digo "hemos" para que parezca que hubo consenso y que el Cangués y yo pintamos algo, pero vamos, que es todo cosa de Nerea, que es la que manda y ella sola va pidiendo su ración de leche cada más tiempo.

Las noches han pasado de estarr más horas despiertos que dormidos durante su eterna crisis de crecimiento, a lograr dormir 6, incluso 7, horas seguidas esta última semana así que estamos que no nos lo creemos y parece que mis ojeras de malo de Disney ya casi se pueden disimular con un poco de corrector.

La peque, además, ha pasado del famoso (y falsísimo) comer y dormir, a estar despierta la mayor parte del día, observando todo lo que hay a su alrededor y sonriendo a diestro y siniestro a todo aquel que le echa un piropo o le hace una monería (si es que es una mimosa -y una facilona, la verdad-).

Lo que nos parece increíble es lo que cambia en tan poco tiempo y nos morimos de la pena pensando que ya ha dejado de ser y parecer un recién nacido para ser un bebetón regordete que lo mira todo con ansia y se muere de la risa con cualquier cosa. Aaayssss, ¡qué penita ir quemando etapas tan rápido!

¡¡Hasta el próximo post!!

jueves, 19 de septiembre de 2013

Se me enamora el alma...

...Cuando te enfadas y protestas llorando, y te doy el chupete y entonces quieres el chupo, pero te resistes a desenfadarte así que chupas con ganas pero con el ceño fruncido y gruñendo por lo bajini como un animalín rabioso, y me miras con desconfianza como si pensaras que i intento engañarte y como diciendo: "vale, cojo el chupo, pero que sepas que sigo enfadadíiiiiiisima"...

lunes, 16 de septiembre de 2013

Las primeras semanas con la cachorrina (II): La crisis de crecimiento


Una de las cosas de las que no tenía ni idea al convertirme en mami, es que existían las llamadas “Crisis de crecimiento” de los recién nacidos, que básicamente consisten en unos días determinados, que pueden variar de unos bebés a otros, en los que se produce un desajuste entre la oferta y la demanda de leche materna, de forma que los bebés necesitan que su madre aumente la producción de leche para adaptarse a sus nuevas necesidades de crecimiento y para lograrlo demandan tomas más a menudo. Son días que los bebés están más nerviosos e irritables (e irritantes) se cogen al pecho como con ansiedad –dando tirones infernales-, lloran más, les cuesta mucho dormir y parece que nunca se sacian. Estas crisis suelen producirse en torno a los 15-20 días, al mes y medio y a los 3 meses. Y duran aproximadamente una semana, tras la cual, una vez regulada la producción de leche, el bebé vuelve a mamar con normalidad. 

Pues bien… la cachorrina vive en una crisis de crecimiento permanente desde los 20 días de vida, más o menos. Se ve que la cogió con ganas y ¡¡¡no hay manera de que la suelte!!! Y es que con poco más de dos semanas, la nena decidió activarse, -que lo de comer y dormir era un rollo- y empezó a estar despierta varias horas al día, en las que quiere comer a todas horas, y si no se enfurruña, y sólo la duerme estar de paseo o de jarana fuera de casa (me salió fiestera), y termina las tomas enfadada con el mundo y en una espiral de “ni sí, ni no, ni todo lo contrario” que nos tiene con el corazón en un puño para no provocarla y manejándola como si fuera un cartucho de dinamita. Además, entre las 9 de la noche y la 1 de la mañana directamente lloraba por sistema: pedía teta pero si la ponías lloraba, y si la quitabas también, si la echabas en la cuna, peor y si la paseabas quería comer otra vez y ¡vuelta a empezar! Afortunadamente, esto hemos conseguido superarlo esta última semana con la sencilla solución de acostarla antes: como la repunancia le daba hacia las 9 y pico, decidimos adelantar su hora del baño de tal manera que a las 9 la cachorrina estuviera bañada, comida y metida en su cuna durmiendo… y quién lo iba a decir: mano de santo, oiga. Ahora la nena se mete en su cuna a las 9 y hasta las 12:30 que se despierta para otra toma no hay guaja. ¡¡Se acabó el drama!! Ahora sólo nos queda intentar que las tomas de la noche sean más cortas porque se despierta cada 2 ó 3 horas y le cuesta horrores volver a conciliar el sueño.  ¿Alguna idea?

Crisis de crecimiento aparte, Nerea está cada día más guapa, más despierta, más sonriente y más mimosa (que le gusta un besín lo que no está escrito) y debo decir que estábamos tan acostumbrados a que la cachorrina estuviera activa (aunque fuera protestando) que esas horas que duerme ahora ¡la echamos de menos! Y estamos esperando como tontos a que despierte… Si es que no somos nadie.





Hasta el próximo post!!

jueves, 12 de septiembre de 2013

Se me enamora el alma...

... Cuando te recojo de tu cuna por la mañana y estás preciosa, calentina, metida en tu mini pijama y envuelta en tu mantina, con los papinos colorados; y hueles a ti, a bebé, a leche (regurgitada) y a Nenuco;  y abres los ojinos, me miras y sonríes remolona porque sabes que mamá atiende a tu llamada y viene a buscarte para comer. Y entonces te cojo y te abrazo, pego mi nariz a tu pelo y sonrío y pienso que a nadie se le ocurriría una forma más bonita de comenzar el día.




Hoy estreno nueva (y rápida) sección en el blog en la que quiero guardar todos esos momentos especiales con mi cachorrina. La iba a llamar "Me gusta" emulando al Facebook, pero se me quedaba corta la expresión, que una es muy sentida para sus cosas y con la peque (guerrera donde las haya) se me enamora el alma, que diría la folclórica.

Hasta el próximo post!!



martes, 10 de septiembre de 2013

Las primeras semanas con la cachorrina (I)

Desde que la cachorrina llegó a nuestras vidas, -de cuerpo presente con sus sonrisas, sus llantos, sus cacas, sus muecas, sus manitas, sus ojazos y su leche regurgitada, y no sólo como parte de mí, dándome patadas a lo loco-, nuestras vidas cambiaron radicalmente, pasando de la paz, tranquilidad, ocio y tiempo libre a tutiplén a las noches sin dormir, los tropecientos cambios de pañales diarios, la lucha con la lactancia y sus horarios anárquicos, el caos absoluto y la desorganización en el hogar familiar y la ausencia total de tiempo para dedicar a algo que no estuviera relacionado con la peque de la casa. 

Y es que cuando estás esperando por la llegada de tu bebé y los que ya son padres te dicen aquello de “duerme ahora que luego no vas a dormir”, “aprovecha para salir ahora que luego se acaba”, “una vez que tienes hijos ya no tienes tiempo para nada más”, piensas que son unos dramáticos que quieren meterte el miedo en el cuerpo, pero que no puede ser para tanto. Pues sí, amig@s mí@s. Sí es para tanto. Y para más. Un recién nacido requiere toda la atención que puedas darle y un poco más.

Las primeras 2 ó 3 semanas de la cachorrina, la verdad es que fueron agotadoras más por inexperiencia nuestra que porque ella diera guerra, prubitina mía, porque la verdad es que sólo comía y dormía. Pero como teníamos claro que queríamos optar por la lactancia materna para ella y hacerlo bien para que funcionara, es decir, a demanda, pues nos tenía todo el día con un ojo medio abierto y otro medio cerrado de sueño de tener que alimentarla cada hora y media o dos horas (ésta no perdona tomas, así que de dormir más de noche ni le hablamos). Y como padres tontones, ilusionados e inexpertos, nos olvidamos del pragmatismo y de la imposición de un sistema eficiente y aunque repartimos las tareas – yo, teta, él, cacas-, no podíamos evitar apoyarnos moralmente en nuestras respectivas obligaciones, y así, el pobre y agotado Cangués se dedicaba a contemplarnos con la legaña pegada mientras la peque comía a las tantas de la mañana, y yo, sonámbula perdida, no me perdía un paseo de padre e hija al cambiador, aunque sólo fuera para animar, que no se diga que no nos gusta el trabajo en equipo en esta familia. Y lo peor es que en vez de aprovechar para dormir cuando la cachorrina dormía, nos dedicábamos a mirarla desde lo alto de la cuna embobados atemorizándola, que la pobre nos miraba de reojo con miedo a quedarse dormida por culpa de esas dos presencias sospechosas que la observaban con sonrisa bobalicona.

Y así, entre babas (las del Cangués y mías, claro), dar de comer a la peque cada minuto y medio, comprobar su respiración mientras dormía y decir sin cesar “pero mira que eres guapa” (porque os prometo que yo no había visto nada tan bonito en la vida) pasamos las primeras semanas de la nena. Eso sí, echados a la calle como si fuéramos unos sin hogar, que no se diga que a la cachorrina no la aireamos, que desde el mismo día de su salida del hospital ha paseado mañana y tarde a diario, ido a la piscina, de compras, de parrillada con los amigos, de comilonas familiares… y así hemos descubierto que la nena es un animal social, porque ¡lo que menos le gusta es estar en casa!

En el próximo post, os contaré como siguió la experiencia desde que la peque se activó, allá por los 20 días aproximadamente, y os contaré mi experiencia con la lactancia materna. 

Gracias por seguir leyéndome a pesar de la escasez de actualizaciones. ¡¡Seguid tan guap@s!!


miércoles, 21 de agosto de 2013

A la porra el Plan de Parto (II)

Como ya os comenté en la primera parte del relato de la llegada al mundo de la cachorrina, todo lo que yo tenía planeado sobre cómo quería que fuera el parto de Nerea se fue al traste porque nada iba saliendo como yo esperaba. La mañana del martes 23 de julio tuve visita con la tocóloga que, tras hacer una exploración, concluyó que el asunto estaba "muy verde" y que todavía quedaban unos cuantos días para que tuviéramos a la peque con nosotros, -a pesar de que salía de cuentas al día siguiente-. Pues bien, ¡esa misma tarde rompí la bolsa! (Qué fina estuvo la gine.) Como no fue una rotura de esas contundentes que no dejan lugar a dudas, sino más bien una pérdida pequeña de líquido que me hizo pensar que más bien podía tratarse de un vaciado de vejiga provocado por una patada de la cachorrina, no me di cuenta hasta horas después de que aquello seguía saliendo poco a poco y ya era mucho que todo fuera culpa de ataques de la nena a la vejiga de su madre. Así que por la noche subimos a maternidad, me dejaron ya ingresada y empezó lo bueno.

El caso es que la bolsa estaba rota pero yo no había empezado a dilatar nada, así que me dieron doce horas de plazo para ponerme de parto y si no empezarían a provocarlo. Pasé toda la noche con contracciones irregulares que no sirvieron de nada porque pasadas esas primeras doce horas sólo estaba dilatada un centímetro, así que empezó la intervención médica. Primero me dieron Protex, que es un óvulo que te provoca las contracciones. Provocarlas, las provocó, porque comencé a tenerlas cada 4 minutos y muy dolorosas, pero tras 24 horas sin pegar ojo y con esas contracciones horrorosas, ¡sólo había dilatado otro mísero centímetro! Ya llevaba 36 horas para dilatar 2 centímetros... Total que, en vista de que el Protex no era suficiente para hacerme dilatar y que la bolsa ya llevaba rota 36 horas, me tuvieron que inducir el parto con oxitocina. Sólo diré dos palabras: mucha muerte.

La oxitocina me provocó contracciones infernales cada 2 minutos durante 6 horas porque sólo te ponen la epidural si estás 4 centímetros dilatada y con el cuello del útero borrado. Y yo, que se ve que no soy de dilatado fácil, con mis 2 centímetros miserables y el cuello enterito, tenía que aguantar los efectos de la oxitocina así, a pelo, sin drogas que me dejaran alelada. Con deciros que en lugar de la epidural, yo pedía la eutanasia… Así que, después de 42 horas de dolor, el propio Cangués, que se veía viudo ya por mi mala cara, pedía que me drogaran o me dieran un garrotazo en la cabeza que me dejara inconsciente. ¡Y por fin pudieron ponerme la epidural! (Esa misma que yo rechazaba en mi Plan de Parto -todavía deben estar riéndose de tan tronchante documento-). 

Finalmente, el 25 de julio a las 22:30, 8 horas después de ponerme la epidural -que me devolvió las ganas de vivir, para qué engañarnos-, di a luz en el mejor parto que podía haber imaginado. Porque, no sé si sería para compensar todo lo anterior, pero la cachorrina salió en menos de un minuto, de forma que no nos dio tiempo ni a llegar a paritorio. La nena decidió salir ya en la cama en la habitación de dilatación en un parto que duró segundos y que casi no dio tiempo a que la matrona llamara a gritos a una enfermera para que le trajera corriendo unas gasas. Un poco más y no llega ni la matrona y saca a la cachorrina su padre.

Y ahí, en el momento que vi a Nerea por primera vez, tan chiquitina (recordad que fue peso pluma), vulnerable, preciosa y cubierta de babas, mirándome con unos ojos enormes y cabeceando encima de mi pecho hasta que consiguió engancharse a mamar, llegó la magia y me eché a llorar y entendí todo eso que dicen de que el dolor se pasa y que lo que sientes por esa cosa tan pequeña desde el momento en que la ves, no es comparable a nada que hayas sentido antes, que hace que merezca la pena todo lo anterior y que consigue que el corazón no te quepa en el pecho de orgullo y de puro amor de madre...

Y colorín, colorado... así fue como mi Plan de parto se fue a la porra... 

Pienso que no era el momento para que Nerea viniera al mundo y que todavía le quedaban unos días o semanas de cocción, de ahí que yo no dilatara ni a tiros, y que al tener la bolsa rota todo se precipitó y la pilló a la pobre despistada. Pero lo importante es que estamos felices, ella sanísima y que la estamos disfrutando muchísimo.

Seguid tan guap@s y gracias por estar ahí aunque ahora no me sea posible actualizar a menudo. Cuando regrese a mi vida normal en septiembre, espero poder coger ritmo otra vez. ¡¡Un besín!!

P.d. Aprovecho para decir que el Cangués se portó mejor que yo y fue el mejor apoyo que podía haber tenido, porque no se separó de mí ni un segundo, aguantó sin dormir y pálido el pobre como los niños de Los Otros, y no dejó de animarme y cuidarme... y ahí sigue... más guapo! :D

viernes, 9 de agosto de 2013

Primera visita al pediatra

Casi sin darnos cuenta hemos dejado atrás los primeros 15 días de vida de la cachorrina, hecho que me deja muerta en el sitio porque no sé en qué momento empezó a correr el tiempo así de esta manera, porfavó!. No sé si será porque mis rutinas se limitan a dar el pecho, contemplar a Nerea y babear, limpiar cacas, cambiar pañales, contemplar y babear, dar el pecho, contemplar y babear, vestir, contemplar y babear, sacar de paseo (cuando consigo salir de casa), contemplar y babear, dar el pecho otra vez, contemplar y babear... y así, pero estos 15 días me han parecido 3 y medio. Y lo mismo le pasa al Cangués que está viendo volar su permiso por paternidad + vacaciones a la misma velocidad a la que crece la papada de la cachorrina (orgullosísimos padres de la doble papada de la nena, que ya ha dejado de ser la ratonuca de hace 2 semanas).

Pues bien, a los 15 días de vida de todo recién nacido, tienen su primera consulta con el pediatra. Nosotros la tuvimos hoy y allí fuimos con la esperanza de que Nerea hubiera dejado de ser un peso pluma de 2 kilos y medio y 48 cm y de que la lactancia materna exclusiva con la que se alimenta estuviera siendo suficiente para que creciera y engordara con normalidad (lo que sospechábamos en vista de las nuevas formas redondeadas de su cara, cuello y tripa). 




Nada más sentarnos en la sala de espera de la consulta, la cachorrina decidió que era la hora de comer y empezó a llorar en el preciso instante en el que nos llamaban para entrar. Total, que entró en la consulta berreando como si no hubiera comido desde que saliera de mi útero, lo que provocó que entrara en una espiral de violencia y cabreo monumental con cara roja, patadas a la pediatra y gritos que debían incumplir alguna ordenanza municipal sobre ruido, cuando comprobó que no sólo no le daban su ración de teta, sino que encima la desnudaban allí de mala manera y la manejaban a su antojo. Lo bueno es que a la pediatra le pareció la pera limonera el carácter tan "despierto" de la nena, su fuerza (os juro que del enfado que tenía se puso de pie) y la potencia de sus pulmones -qué maja y qué positiva la buena mujer-. 

A pesar de la resistencia de la peque, pudieron hacerle todas las pruebas que le tocaban y que concluyeron en que está como una rosa, y lo que es mejor, que se está poniendo como un toro con la leche de su madre porque en estos 15 días ¡engordó 600 gramos y creció 4 cm!. Esto de los 4 cm al parecer es una barbaridad y puede que tengamos un récord Guiness o algo así porque la enfermera no dejaba de repetirlo y nos decía con cara de susto que había pasado del Percentil -3, cuando nació, al Percentil 75 en sólo 2 semanas de vida. En peso, estamos en Percentil 10, lo cual se supone que también está bien, teniendo en cuenta que muchos bebés ya nacen pesando más de lo que pesa ella ahora (3,100 kg).




Después de vestir a la cachorrina, que ya estaba de color granate, y asegurar que normalmente es buenisísima y nada llorona, y que sólo come y duerme (que no piensen que la tenemos asalvajada), salimos de allí corriendo a darle de comer a la pobre antes de que empezara a pensar que la íbamos a dejar morir de inanición.

Aparte del resultado positivo de la revisión pediátrica, debo decir que en estos 15 días también hemos ido aprendiendo poco a poco a adaptarnos a los horarios de Nerea, a conocerla, interpretar sus sonidos, sus quejas, sus horas de sueño y su hambre nivel "llevo todo el día picando piedra en una mina boliviana", distinguiendo su olor y sus gestos, y sobre todo, disfrutando de cada segundo, cada cambio y cada detalle de la peque.

Me voy que me toca sesión de contemplación y babeo.

¡Hasta el próximo post! (Que será la segunda parte de la experiencia con el No Plan de Parto).